Día 6 - El Papel de la Fe

Tesoros Devocionales - El Poder Espiritual Charles Finney

 

 

Día 6

El Papel de la Fe

 

“pero gracias a Él ustedes están unidos a Cristo Jesús, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría –es

decir, nuestra justificación, santificación y redención-.”

 

1 CORINTIOS 1:30

 

Todos nuestros esfuerzos propios para vencer el pecado son totalmente inútiles y no tienen respaldo escritural. A los creyentes se les dice que “purifiquen sus corazones por Fe” (Hechos 15:9) las escrituras afirman en Hechos 16:18 que los santos son santificados por fe en Cristo. Y en Romanos 9:31-32 Pablo afirma que los judíos “no alcanzaron la justicia porque no la buscaron mediante la Fe sino mediante las obras.” La doctrina bíblica establece que mediante la Fe en Cristo salva a su pueblo del pecado; que por la Fe se recibe el Espíritu Santo y viene a habitar en el corazón del creyente. Que la Fe obra por el amor. Que el amor es producido y sustentado por la Fe. Que por Fe los creyentes vencen al mundo, la carne y el demonio; apagan los fieros dardos del enemigo, y mantienen subyugada a la carne y sus deseos pecaminosos. Por Fe peleamos la buena batalla, no por resolución. Es sencillamente por Fe que recibimos el Espíritu de Cristo que produce en nosotros el querer y el hacer por su buena voluntad. Él derrama su propio amor en nuestros corazones y de ese modo enciende el nuestro. Solo la vida y la energía del Espíritu de Cristo dentro de nosotros pueden salvarnos del pecado, y la confianza en Él es la condición universal para que realice su obra en nosotros. 

 

Una de las lecciones más difíciles de aprender por el corazón humano es renunciar a

depender de si mismo y confiar totalmente en Cristo.

 

¿Por cuánto tiempo más será mal enseñada esta importante verdad? ¿Qué tan profundamente arraigadas están en el corazón humano la justicia propia y la auto-compasión? Tanto que una de las lecciones más difíciles de aprender por el corazón humano es renunciar a depender de si mismos y confiar totalmente en Cristo. Cuando por implícita confianza le abrimos la puerta, Él entra y habita en nosotros. Derramando su amor en nosotros vivifica e inclina toda nuestra alma hacia Él y purifica nuestros corazones mediante la Fe. Él sustenta nuestra voluntad en una actitud de devoción. Vivifica y regula nuestros afectos, deseos, apetitos y pasiones, y llega a ser nuestra santificación.

 

La Biblia enseña que el confiar en Cristo recibimos una influencia interior que estimula y dirige nuestra actividad; que por la Fe recibimos su influencia purificadora en el centro mismo de nuestro ser; que a través y por medio de su verdad revelada directamente a nuestra alma, da vida a todo nuestro ser interior induciéndolo a una actitud de amorosa obediencia; y esta es la manera, la única forma práctica de vencer el pecado.

 

Señor Jesús, yo te contemplo por fe y creo que tú eres verdaderamente mi santificación y mi

santidad. Creo que tú purificas mi corazón por la fe y que rompes toda esclavitud al pecado.

Tomo esas palabras y me aferro a ellas, como me aferro a ti como mi salvador. Amén.