Día 17 - Meta el Arado Profundo

Tesoros Devocionales - El Poder Espiritual Charles Finney

 

 

 

Día 17

Meta el Arado Profundo

 

“Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado.”

 

SALMO 51:2

 

 

Al labrar el barbecho de su corazón debe remover cualquier obstrucción. No la deje de lado, eso solo empeora la situación. Confiésele a Dios todos esos pecados que ha cometido contra Él y contra su prójimo. No piense en olvidarse del asunto y pasar de largo el escollo. Quite los estorbos del camino. Las cosas que deje quizá le perezcan pequeñas, pero más adelante se preguntará por qué no logra lo que quiere de Dios, y lo cierto es que su orgullo y su mente carnal han tapado algo que Dios ya ha señalado con su dedo. Are todo el terreno y revuélvalo. No se deje derrotar por ello; no se desvié por dificultades pequeñas; dirija el arado directamente hacia ese obstáculo, bien profundo, y revuelva toda la tierra para que quede blanda, suave y lista para recibir la semilla y producir fruto al ciento por uno.

 

Cuando haya repasado toda su historia, regrese al terreno por segunda vez con el mismo cuidado. Se va a dar cuenta que las cosas que ha desechado le sugerirán otras relacionadas con ellas, de las cuales también es culpable. A menos que los considere detalladamente, uno por uno, no se podrá formar una idea de lo numerosos que son sus pecados. Repásalos con tanto cuidado como si se prepara para presentarse al juicio de Dios.

 

Siempre que encuentre alguna cosa incorrecta, resuelva de una vez, asistido por la gracia de

Dios, no pecar más de esa manera.

 

Al repasar el catalogo de sus pecados, tome la decisión de lograr una transformación actual y total. Siempre que encuentre alguna cosa incorrecta, resuelva de una vez, asistido por la gracia de Dios, no pecar más de esa manera. No habrá ningún beneficio en que se examine, si no toma la determinación de enmendarse en cada cosa que encuentre incorrecta en su corazón, en su actitud o en su conducta.

 

Jamás tendrá el Espíritu de Dios habitando en usted hasta que desenrede todo este misterio de iniquidad y exponga sus pecados delante de Dios. Si después de escudriñar su corazón, su mente todavía está oscura, mire otra vez y encontrara que todavía existe alguna razón por la cual el Espíritu Dios no ha llegado a usted. Con la Biblia delante, examine su corazón hasta que sienta el peso y la suciedad de su pecado. Que ocurra allí esta obra de arrepentimiento y total confesión, con este avance delante de Dios, de seguro el Espíritu vendrá.

 

Padre misericordioso, a la luz de tu palabra te pido que penetres en las profundidades de mi

corazón. Arranca de raíz aún las cosas pequeñas que yo he cubierto o disfrazado,

pretendiendo que no importan. Limpia mi alma de todo lo que impida tu luz y tu gloria.

Amén.