Día 22 - La Promesa de Dios

 

Tesoros Devocionales - El Poder Espiritual Charles Finney

 

Día 22

La Promesa de Dios

 

“Por eso les digo: crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración y lo obtendrán.”

 

MARCOS 11:24

 



Sin duda la fe es una condición indispensable de la oración que prevalece. Hablo de la clase de fe que asegura la bendición. Debemos creer que recibimos la bendiciónespecífica que pedimos. No debemos pensar que Dios es un ser que si le pedimos un pan nos dará una piedra, o si le pedimos un pez nos dará una serpiente, según palabras de Jesús. En el relato de Marcos 11, los discípulos debían tener Fe para un milagro, y es claro que se esperaba que creyeran que lo iban a recibir. Esa es la clase de fe debían tener. Ahora bien; ¿Qué deben creer los seres humanos en relación con otras bendiciones? Es una cosa ilógica pensar que si una persona ora por una bendición específica, Dios por algún misterio de su soberanía, le va a dar algo diferente, o se la da a otra persona, en otro lugar. Ese pensamiento no solo es tonto, sino deshonroso para Dios.

 

Debemos creer que recibiremos las cosas que pedimos.

Debemos creer que recibiremos las cosas que pedimos.

 

¿Cuándo estamos obligados a hacer este tipo de oración? ¿Cuándo debemos creer que recibiremos las cosas que pedimos? Mi respuesta es: cuando tengamos la evidencia de ello, y la fe siempre tiene esa evidencia. Una persona no puede creer una cosa, a menos que vea algo que considere evidencia. No está obligado a creer, y no tiene el derecho a creer que algo será hecho por alguien, a menos que tenga prueba de ello. La mayor expresión de fanatismo es creer sin tener prueba o evidencia.

 

Suponga que Dios ha prometido algo de manera especial. Por ejemplo: Él dice que está más listo a dar el Espíritu Santo a quienes se lo pidan, que los padres a dar pan a sus hijos. Aquí debemos creer que lo recibiremos cuando lo pidamos en oración. Usted no tiene el derecho de anteponer un sí condicional y decir: “Señor, si es tu voluntad, dame tu Santo Espíritu.” Esto es un insulto para Dios. Anteponer un si condicional a la promesa de Dios, donde Él no lo ha puesto, es equivalente a acusarlo de falta de sinceridad. Es como decir: “Señor, si has sido sincero al hacer esta promesa, concédeme la bendición que te estoy pidiendo.”

 

Padre Celestial, mi padre terrenal jamás me dio una piedra cuando le pedí pan; creo que tú

estás más que dispuesto y listo a darme el don del Espíritu Santo. Agradezco tu gracia

bendita, porque ciertamente yo no merezco la plenitud de tú presencia. Amén.