Día 20 - Perseverancia en la Oración

Tesoros Devocionales - El Poder Espiritual Charles Finney

 

 

Día 20

Perseverancia en la Oración

 

“Jesús les conto a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar

siempre, sin desanimarse.”

 

LUCAS 18:1

 

Cuándo una persona ora por una petición especifica, como el bautismo en el Espíritu Santo, su oración debe ser perseverante. Hay demasiados creyentes que no tienen el corazón preparado y no puede tener estabilidad mental y persistir hasta que llegue la bendición. Tienen que orar una y otra vez, y no cesan de orar porque sus pensamientos son dados a divagar y distraerse con cualquier otro asunto. Sus mentes tienen que estar empapadas con el espíritu de oración para que puedan estabilizarse y presionar por su petición hasta lograr la respuesta. No piense que está preparado para elevar la oración si sus sentimientos son tan inestables que ora una vez por un asunto y luego se olvida de él. La mayoría de creyentes aprenden a orar hasta prevalecer tras un proceso prolongado. Sus mentes llegan, gradualmente, a estar tan llenas con el interés que los ocupa, que aún van a sus trabajos suspirando y expresando sus deseos a Dios.

 

No piense que está preparado para elevar la oración que prevalece si sus sentimientos son

tan inestables que ora una vez por un asunto y luego se olvida de él.

 

¿Cuál fue el motivo por el cual Jacob luchó con Dios en oración toda la noche? Él sabía que su hermano Esaú estaba en camino, acompañado de una fuerza armada para encontrarlo, y tenía razón suficiente para suponer que Esaú venía para vengarse de él por los agravios pasados. Así que lo primero que hace es arreglar las cosas de la mejor manera que puede para el encuentro con su hermano, enviándole un presente primero, luego sus bienes y finalmente su familia. Ya para este momento su mente estaba tan ejercitada que no se pudo contener. Se va solo hacia el arroyo y derrama su alma en agonía de oración toda la noche. Y justamente al despuntar el día el ángel del pacto le dijo: “Déjame ir.” Todo su ser se resistió a la idea de darse por vencido, y entonces clamo: “¡No te soltaré hasta que me bendigas!” (Génesis 32:26). Su alma estaba agobiada en agonía y al fin obtuvo la bendición. Esto es oración que prevalece.

 

No se engañe a sí mismo pensando que su oración es eficaz si no tiene este deseo intenso por la bendición. La oración no es eficaz a menos que surja de la agonía del deseo. El apóstol Pablo habló de ella como dolores de parto del alma. Cuando oró en el Getsemaní, el Señor Jesús estaba en tal agonía que su sudor fue como grandes gotas de sangre. Yo he visto a personas orando hasta que agotan todas sus energías. Tales oraciones prevalecen ante Dios.

 

Padre Todopoderoso, no puedo producir fruto y dar gloria a tu Hijo sin la plenitud del

Espíritu Santo. No descansaré, no me daré por vencido, y en tu nombre llamaré hasta que me

escuches desde el cielo y obres en mi vida. Hazlo ahora, por Jesús. Amén.