Capítulo 10 - Cómo Acercarse a los Pecadores

El Avivamiento - Charles G. Finney

 

 

 

EL AVIVAMIENTO

 

Por

Charles G. Finney

 

Capítulo 10

 

COMO ACERCARSE A LOS PECADORES

 

"He aquí yo os envío como a ovejas en medio de lobos, sed, pues, prudentes como las

serpientes, y sencillos como las palomas." (Mateo 10:16.)

 

 

Aprovechad la primera oportunidad para conversar con aquellos alrededor vuestro que viven descuidados. No lo aplacéis. Mejor aún: Tenéis que buscar la oportunidad, y si no se ofrece, hacerla. Designar un tiempo o lugar, y conseguir una entrevista con un amigo o un vecino cuando podáis hablar libremente. Le enviáis una nota; le visitáis a propósito, que vea que es un asunto de importancia, que tratáis de contribuir a la salvación de su alma. Con ello considerará que es una cosa de importancia, por lo menos para vosotros. Seguid hasta que consigáis lo que queréis o bien os convenzáis que, de momento, es imposible hacer nada más.

Cuando os acerquéis a un individuo que vive descuidado, estad seguros de tratarle afectuosamente. Que vea que os dirigís a él, no con miras a buscar una controversia, sino porque amáis su alma y deseáis lo mejor para él en el tiempo y la eternidad. Si sois ásperos y le abrumáis con vuestro estilo de conversación, probablemente se ofenderá y le alejaréis más aún del camino de vida.

Aseguraos de ser muy sencillos y claros. No queráis disimular las circunstancias del carácter de la persona y de sus relaciones con Dios. Ponedlo a la vista, no con el ánimo de ofenderle, sino porque es necesario. Antes de curar una herida hay que limpiarla desde el fondo. No retengáis la verdad, sino decidla de modo claro.

Sed pacientes. Si tiene alguna dificultad real en su mente sed pacientes hasta averiguar lo que es y, entonces, aclaradla. Si es una simple excusa suya, decídselo así. No tratéis de contestar por medio de un argumento, sino mostradle que no es sincero al darla. No vale la pena discutir y pasar el tiempo con una excusa, hacedle comprender que está pecando al darla y con ello alistad su conciencia a vuestro lado.

Tened cuidado y estad en guardia de vuestro propio espíritu. Hay mucha gente que no tiene bastante buen carácter para conversar con personas muy opuestas a la religión. Y esta clase de personas no tendrán mejor satisfacción que haceros enojar. Al contrariaros se irá rebosando contento, porque "ha hecho enfadar a uno de esos aparentes santos, que para él, son todos hipócritas.

Si el pecador tiene tendencia a atrincherarse contra Dios, tened cuidado en no hacerle el juego en nada. Si dice que no puede creer en Dios, no intentéis comprenderlo o justificarlo ni le digáis nada que dé aprobación a su falsedad; no aceptéis que no puede y no le ayudéis a mantenerse en controversia contra su Hacedor. A veces un pecador descuidado empezará hallando faltas en los cristianos. Simplemente decidle que él no tendrá que dar cuenta de los pecados de ellos; que sería mejor que pensara en los propios. Si estás de acuerdo con él, pensara él que tú estás de su lado. Muéstrale que el espíritu con que hace estos comentarios es un espíritu de crítica y que no tiene consideración para el honor de Dios y las leyes de Jesucristo.

Algunas veces el individuo tiene algún ídolo, algo que ama más que a Dios, que le impide entregarse. Tienes que buscar y ver qué es lo que no quiere ceder. Quizá él es la riqueza; quizá algún amigo mundano; quizá compañía alegre o bien diversiones favoritas. En todo caso, hay algo en que está puesto su corazón que no quiere ceder por Dios.

Es posible que se hayan fortificado en algún punto, y preparado su mente con respecto al mismo, de modo que están decididos a no ceder. Por ejemplo, es posible que se hayan obstinado en que no harán una cierta cosa. Conocí a un hombre que estaba decidido a no ir a cierto bosquecillo para orar. Había otras personas que durante el avivamiento habían ido al bosquecillo, y allí, por medio de la oración y la meditación se habían entregado a Dios. Su propio escribiente se había convertido allí. Esta persona, un abogado, fue despertado, pero estaba decidido a que no iría a aquel bosquecillo. Era un hombre de convicciones y pasaron semanas así, sin alivio. Trataba de hacer creer a Dios que no era orgullo lo que le apartaba de Cristo; y así, cuando se iba a su casa saliendo de la reunión, se arrodillaba en la calle y oraba. Y no sólo esto sino que miraba si había algún charco, y se arrodillaba dentro, para mostrar que no era orgullo. Una vez oró toda la noche en su despacho, pero no quería ir al bosquecillo. Su desasosiego era tan grande y su indignación contra Dios, que se sintió tentado seriamente a quitarse la vida, y tuvo que echar, él mismo, su cuchillo por miedo de cortarse él mismo el cuello. Por fin, decidió ir al bosquecillo y orar, y tan pronto como llegó allí se convirtió y entregó todo su corazón a Dios.

Haz un objeto de estudio constante, de reflexión diaria y de oración, el aprender a tratar con los pecadores y a activar su conversión. EL ganar almas es el mayor asunto de la tierra para cada cristiano. Las personas se quejan con frecuencia que no saben cómo hacerlo. Se comprende: es porque no han aprendido nunca. Nunca se han tomado la molestia de aprender los requisitos que los capacitarían para la obra. Si la gente no se preocupara de sus asuntos y negocios en el mundo, como no lo hacen de salvar almas, ¿podría esperarse que tuvieran algún éxito? Pues bien, si estás descuidando el NEGOCIO PRINCIPAL de la vida, ¿para qué estás viviendo? Si no haces objeto de estudio el tener éxito en la edificación del reino de Cristo, estás llenando tu parte como cristiano de modo absurdo y negligente.

Los pecadores ansiosos han de ser considerados en el estado crítico y solemne en que se encuentran. De hecho han llegado a una encrucijada. Han llegado al momento en que su destino se ha de decidir para siempre. Los cristianos deberían preocuparse profundamente de ellos. En. Muchos aspectos sus circunstancias son más solemnes de lo que serán en el día del juicio. Allí su destino ya estará sellado. El día del juicio Io revelará. Pero el momento particular en que se sella es cuando el Espíritu está luchando con ellos.