EL PELIGRO DE LA IGLESIA

Si somos cristianos preocupados y dados a la oración, recordaremos una pauta. Cuando una iglesia se debilita, en cualquier generación, dejando de cumplir los propósitos de Dios, se apartará totalmente de la fe en la siguiente generación.

Así es como penetra la decadencia en la iglesia. Así es como entra la apostasía. Así es como se descuidan los fundamentos de la fe. Así es como salen a superficie opiniones liberales e inciertas acerca de la sana doctrina cristiana.

Es una realidad seria y trágica que una iglesia puede realmente fallar. El punto de ruptura llegará cuando deje de ser una iglesia cristiana. Los creyentes que queden sabrán que la gloria se ha ido.

En los días de la peregrinación de Israel, Dios dio la nube visible de día y la columna de fuego de noche como testimonio y evidencia de Su gloria y constante protección. Si Dios siguiera dando las mismas señales de Su Presencia permanente, me pregunto cuántas iglesias tendrían la aprobadora nube de día y la columna de fuego de noche.

Si tienes alguna percepción espiritual en absoluto, no me será necesario declarar que en nuestra generación y en cada comunidad, grande o pequeña, hay iglesias que existen meramente como monumentos de lo que solían ser. La gloría se ha ido. El testimonio de Dios y de la salvación y de la vida eterna es ahora sólo un sonido incierto. El monumento está ahí, pero la iglesia ha fracasado.

Dios no espera de nosotros que abandonemos, que cedamos, que aceptemos la iglesia como es y que demos nuestro asentimiento a lo que está sucediendo. El espera que Sus hijos creyentes midan la iglesia frente a las normas y bendiciones prometidas en la Palabra de Dios. Entonces, con amor v reverencia y oración, conducidos por el Espíritu de Dios, trataremos quieta y pacientemente de alinear la iglesia con la Palabra de Dios. Cuando esto comience a suceder y la Palabra de Dios reciba su lugar de prioridad, la presencia del Espíritu Santo volverá a resplandecer en la iglesia. Esto es lo que mi corazón anhela ver. Ahora bien, la segunda cosa es la cuestión de los individuos que le están fallando a Dios.

Dios tiene sus propios propósitos en la creación de cada hombre y mujer. Dios quiere que conozcamos el nuevo nacimiento de lo alto Quiere que conozcamos el significado de nuestra salvación Quiere que seamos llenos de Su Espíritu. Quiere que conozcamos el significado, de la adoración. Quiere que reflejemos la gloria de Aquel que nos ha llamado a Su luz admirable.

Si fallamos a este respecto, ¡mejor nos iría no haber nacido! La realidad está bien clara: No hay camino de vuelta. Después de haber nacido de lo alto, no hay camino de vuelta. Somos responsables y tenemos que dar cuenta. ¡Cuán terriblemente trágico ser una higuera estéril, con la exhibición externa de hojas y crecimiento, pero no habiendo nunca producido ningún fruto! ¡Cuán terrible conocer que Dios quería que reflejáramos su hermosa luz, “y tener que confesar que estamos quebrados y que somos inútiles e incapaces de reflejar nada!   

Unción de lo Alto.