¿CASA DE ORACIÓN O CUEVA DE LADRONES?

 “Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.”  San Marcos 21:12-13

El lugar histórico, donde se desarrolló el extraordinario suceso que acabamos de leer, ya no existe, solo ha quedado un muro de piedra de aquel Templo de Jerusalén; pero Dios ha elegido otro lugar, no hecho de manos para su morada.

Su palabra dice: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 1 Corintios. 3:16.

Tú y yo somos literalmente casa de Dios, y templo del Espíritu Santo, así que bien podríamos imaginarnos a Jesús recorriendo “su casa” en nuestro interior; pasando por el atrio de nuestra mente, llegando el Lugar Santo del corazón y asomándose hasta el Lugar Santísimo donde tenemos comunión con su Espíritu en Oración, del cual solo Jesús puede dar un veredicto real de lo que puede encontrar en nuestro templo.

Pero regresando a nuestro dato histórico, los discípulos le dijeron en aquel día. – Señor, ¡mira que piedras!, ¡qué orden!, ¡que intelecto, que biblioteca, ¡cuántos conocimientos!, ¡cuántas ceremonias y que culto más bonito!, ¡cuántos levitas y qué bien suena esa música!, ¡que esplendidez en la ropa de los sacerdotes!, ¡Cuánto trabajo, todos los ministros corriendo para hacer sus tareas!… ¿Señor? ¿Señor? … ¿no ves todo esto, no te alegras? Pero el Señor no está prestando atención a todas estas “grandes piedras”, sigue buscando con su mirada la señal distintiva de su templo: MI CASA, CASA DE ORACIÓN SERÁ LLAMADA; MAS VOSOTROS LA HABÉIS HECHO…”

Pero volviendo a nuestra actualidad surge una pregunta. ¿En qué has convertido el Templo de Dios? ¿son tus sacrificios aceptables en el templo de su espíritu? Si tuvieras que poner una palabra que defina la característica principal por la cual eres conocido en el cielo, en la tierra y en los infiernos, ¿Podrías decir con libertad, Mi vida es casa de ______ oración?

JESUS DIJO; MI CASA, CASA DE ORACIÓN SERÁ LLAMADA … ¿Has podido poner “oración” en el espacio en blanco? Ya sabes que esa es la señal distintiva del templo de Dios; si falta eso en tu templo ¡Entonces no es una casa de oración!, es una cueva donde acumulas cosas solo para ti y edificas tu templo con piedras muertas, porque has permitido la entrada a ladrones para contaminarte y robarte lo que Dios te ha dado. La iglesia del Señor se construye con piedras vivas. Su palabra dice: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”. 1ª. de Pedro 2:5

Si el incienso de nuestra oración en nuestro templo no está subiendo libremente hasta el Trono de la gracia. Si la luz del Trono no está descendiendo hasta nuestra vida significa que la santidad el gozo, la paz y su unción pudieran estar ausentes en nuestro templo. Si nuestras actitudes y acciones no corresponden a las de un templo santificado entonces tiene una explicación.

Difícil de asimilar, pero Jesús lo dijo.  “….más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” Aquí Jesús está haciendo una declaración con responsabilidad. Y si lo hizo en aquel tiempo lo hace también ahora, y es porque nosotros lo hemos permitido. Acerca de estos ladrones que nos roban el tiempo y la santidad, póngale usted nombre.

Son ladrones que roban el tiempo de oración y comunión, nos alejan de su presencia y nos alimentan de cosas mundanas. Estos ladrones nos roban la vida espiritual extinguiéndola lentamente y nosotros lo permitimos.

Pero hoy es un día de bendición para reflexionar.  Hoy tenemos una buena oportunidad para que comencemos a ver los cielos abiertos y se disipen las penumbras en el templo del Señor. Satura tu templo con el incienso de la oración. Renueva tu mente y corazón. Empieza a ejercitarte y a santificarte porque fuiste llamado a ser Casa de Oración, como le dijo pablo a los gálatas. Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros. Gálatas 4:19.

 “Y el mismo Dios de paz los santifique por completo; que todo su ser —tanto espíritu, como alma y cuerpo— sea guardado sin mancha en la venida de nuestro Señor Jesucristo. 1ª. de Tesalonicenses. 5:23.

Unción de lo Alto.